Wendy, Lorena y Gustavo nada más. No necesito escribir lo que queda de sus nombres para tres personas que hablaron con la sinceridad del corazón. Esta formalidad de escribir sus apellidos, como hice en otras notas, me alejaría de la experiencia tan cercana o pegajosa que fue escuchar sobre cómo les ha ido en la vida: movían la boca pero la voz venía desde muy dentro.
Agradezco a mi editora por haberme cambiado la comisión de la tarde que me correspondía por esta Mesa de mediodía con los chicos de Artes Escénicas. Llegué tarde, es cierto y lo acepto. No se puede cubrir una Mesa habiendo escuchado la mitad de ésta. Escribo esta nota con el fresco cinismo que Wendy, Lorena y Gustavo han impreso en mí para lo que queda de la tarde.
Estar metido en Artes Escénicas es conocer de la frustración y la alegría. "No es fácil preparar un personaje", contaba Wendy. "Tengo que poner de la mía", lamentaba Gustavo, el director. "Es una ventaja conseguir un trabajo de medio tiempo paralelo a la actuación, las cosas irán llegando", resumía Lorena con tono luchador.
Wendy tiene muchas almas: una por cada personaje que ha interpretado. Por algo es actriz. Esto del alma no es cosa menor ni romántica para ella. Entrar en un personaje implica, como dijo, “preparar tu alma para lo que quieres”. Dejar que el personaje se vaya revelando, entrar en él no es otra cosa más que dejar que él entre en ti. Esto se logra con los siguientes tips:
Estar abierto a todo tipo de experiencias. “Empaparse, todo sirve, todo inspira”, dijo risueña.
Entregarse a lo que proponga el personaje. Y si es muy diferente a uno, mejor. Podrá ser difícil a veces pero no hay que asustarse.
No dejar de escuchar, a veces no hacer nada. Escuchar a los otros personajes y abrir el corazón. “Que salga lo que tenga que salir”, ese vértigo en sus palabras seduce a cualquiera.
Por su parte, Gustavo, que ha dirigido varias producciones teatrales, admitió que “sí pues, tengo que sacar el dinero de mi bolsillo, siempre estoy en pierde y quedo con muchas deudas”. “La satisfacción viene por otro lado”, continuó, “está dentro de mí”. Él sigue haciendo lo que le gusta (el teatro) pues sabe que siempre habrá quién lo ayude, “aunque sea el espíritu santo”, bromeó.
Él es su propia empresa, él es su proyecto, que alguien venga a ayudarlo no es que ponga dinero a su oficina (cual abogado o ingeniero), sino que es, al fin y al cabo, que inviertan en él. Decía eso mientras sus manos recorrían su cuerpo, muy espontáneamente.
Lorena respondió una pregunta sobre el campo laboral. “Es muy difícil hacer algo que vaya ligado a las artes escénicas”, admitió, “pero siempre vas a encontrar”. Ella se mandó a trabajar de profesora, actividad que roza perfectamente con la actuación. Allí se dio cuenta de “que enseñar es una forma de medotizar un propio proceso de trabajo”. Y no le falta razón, sólo cuando sabes explicar y hacerte entender es cuando realmente has interiorizado un aprendizaje.
Al final, la profesora Pastor Rubio, despidió
Listo, ahora tengo la tarde libre. Iré a buscar otra alma mía perdida por allí.
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Reiner J Díaz
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